La gobernanza por definición requiere un uso racional y sostenible de los recursos, pero cuando enfrentamos este anhelo a las necesidades básicas de los pueblos indígenas nos encontramos con una incompatibilidad material que parece imposible de superar.
¿Cómo convencer a un comunero de no talar bosques para sembrar yuca o plátano?, ¿Cómo evitar que se hagan tratos con madereros ilegales para talar los árboles más valiosos?, ¿Cómo evitar que se pesquen y consuman especies en peligro de extinción? Cualquier solución pasa, ineludiblemente, por satisfacer primero las necesidades básicas de las personas que viven en las comunidades indígenas. Solo entonces se les podrá exigir, pero sobre todo proponer soluciones que ya existen para una buena gobernanza de los recursos naturales.
Los nuevos modelos productivos deben incluir el principio básico: “todo lo que se extraiga se debe reponer activamente y no esperar a que se reponga naturalmente”. Nuestra velocidad de extracción es superior a la resiliencia natural, por lo tanto, sin un nuevo enfoque de reposición activa, estamos condenados a seguir empeorando las consecuencias que ya se verifican hoy en día en forma de sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad, extinciones, deforestación, etc.
Uno puede creer que el verdor de la selva es signo de un ambiente saludable, pero ahora sabemos que hay grados de verdor, que son signos de la fertilidad de los suelos. Es así que, plantas verdes oscuras pueden indicar un alto contenido de nitrógeno, mientras que un verde más claro indica un bajo contenido de nitrógeno y es que este elemento es esencial para la fotosíntesis, además, es muy difícil de fijar y el más escaso, es tan importante, que las raíces de los árboles en la selva crecen horizontalmente para aprovechar cualquier mineralización de manera inmediata.
Las comunidades nativas al cazar cualquier animal (incluye peces e insectos) extraen en forma de carne el precioso nitrógeno que tanto le ha costado a la selva fijar, esto se debe a que muy pocas especies de plantas se pueden asociar a microorganismos para la fijación biológica del nitrógeno. No podemos fertilizar la selva con nitrógeno sintético, pues las lluvias se encargarían de arrastrar la mayor parte a los ríos, aguas subterráneas y cochas provocando la conocida eutroficación.
Así pues, una buena solución es copiar a la naturaleza, es decir dosificar la reposición del nitrógeno a través de las deyecciones de todo tipo de animales. Esto en buena cuenta significa plantar y abonar árboles frutales en zonas deforestadas aledañas al bosque, pero sin cosecharlos completamente para que los animales se alimenten y luego regresen al bosque a fertilizar los suelos.
Este es solo un ejemplo del tipo de enriquecimientos antropogénicos que se pueden introducir como nuevos modelos productivos para lograr la tan anhelada gobernanza. Estos modelos además mejoran la seguridad alimentaria y a la larga permitirán la independencia económica de las familias de las comunidades.
El Estado no solo debe satisfacer las necesidades básicas actuales como son agua, saneamiento, educación y salud, sino que debe acompañar estas intervenciones con la promoción de nuevos modelos productivos que garanticen la producción de riqueza de una manera sostenible en el marco de políticas públicas integrales que beneficien a las generaciones actuales y las que vendrán.
(*) Artículo publicado en la Agenda Amazonía 2022. Mes de agosto.