La Territorialidad es la Resiliencia (*)

Si bien las crisis pueden ser grandes oportunidades para probar(nos) las capacidades de adaptación, también lo son para aprender, si se quiere. A partir del 16 de marzo del 2020, desde mi lejana Lima, se tuvo una constante preocupación por cómo iban a afrontar los pueblos indígenas amazónicos aquellos cuidados difundidos para prevenir el COVID-19, o cómo iban a soportar las necesidades de atención en salud; incluso, cómo iban a ser los procesos de traslado y entierros, dado que -sin duda- son parte de los grupos sumamente vulnerables por las tantas brechas de acceso a servicios públicos y para garantizar derechos fundamentales que como Estado aún se les debe.

Sin embargo, las personas de los pueblos indígenas demostraron que no hacía falta mirarlas con subestimación, sino de forma horizontal y dialogante. Todo el mundo experimentaba algo sin precedentes, una pandemia. Tal vez teníamos los mismos temores, pero a diferencia de nosotras, allá tenían su territorio.

Por lo menos desde el año 2001, la Corte Interamericana de Derechos Humanos explicaba al mundo de qué se trata la territorialidad de los pueblos indígenas. Por medio de la sentencia del caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua, explicó lo siguiente:

(…) [L]a estrecha relación que los indígenas mantienen con la tierra debe de ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas, su vida espiritual, su integridad y su supervivencia económica. Para las comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión y producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras. (Pár. 149)

Y quedó demostrado que, durante el momento más crítico de la pandemia, dentro de sus territorios obtuvieron los medios para el autocuidado. A fin de evitar los contagios, más allá de un mensaje de lavarse las manos con un agua potable y jabón (que hasta pareció una broma de mal gusto), recurrieron a sus conocimientos ancestrales sobre las plantas de sus propias farmacias: el monte o la chacra, de donde pudieron obtener mático, sacha jergón, malva y tantas otras medicinas que les permitieron prevenir y sostener los temidos síntomas del COVID-19 o sobrellevarlos. Para evitar la propagación, limitaron el acceso a sus comunidades a personas foráneas, pese a que, si existe una relación de dependencia con el entorno, propia de la interculturalización y la depredación de su flora y fauna que el extractivismo les ha provocado.En tanto comprendamos y reconozcamos la relación con la tierra que tienen los pueblos indígenas podremos decir que algo hemos aprendido de esta crisis. Lecciones hay, si queremos verlas.

(*) Artículo publicado en la Agenda Amazonía 2021. Mes de enero.

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